Introducción

 

El presente libro trata de ser un primer acercamiento a la naturaleza de Camarma de Esteruelas. Nace bajo la idea de servir como estimulante y como guía a los visitantes que lleguen al albergue, en particular, y a todos los vecinos de Camarma, en general.

Como persona interesada en conocer la flora y la fauna de los alrededores de nuestro pueblo y como aficionado a la fotografía de naturaleza en particular, he intentado plasmar en el presente libro algunas de mis vivencias así como los datos recogidos en lo muchos paseos que realicé con esa intención en los últimos siete años. Mi interés es que cada día haya más gente interesada y comprometida en conservar la flora y la fauna de nuestro pueblo o de cualquier otro. Conocer las singularidades de la flora y la fauna de nuestro pueblo es tan importante como conocer sus calles, sus parques o sus monumentos.

Nunca debemos fiarnos del primer vistazo, la gente que llega a Camarma al no ver ni grandes bosques, ni grandes ríos, ni lagos, ni montañas, piensa que aquí no hay nada que ver o al menos nada interesante. Yo recomiendo a todas esas personas que se animen a echar otro vistazo, que se animen a salir y recorrer el campo tranquilamente, deteniéndose y curioseando todo lo que llame su atención, respetando la flora y fauna, y buscando más información en las excelentes guías y libros de naturaleza que tenemos a nuestra disposición en librerías y bibliotecas.

No debemos olvidar que andar por el campo es como andar por Madrid, uno necesita al principio una guía para no perderse, para poder reconocer los monumentos, para no cometer infracciones, y luego, cuantas más visitas se haga más se ira conociendo. Las horas de campo son como las horas de vuelo para un piloto de aviones, por muchas vivencias y mucha experiencia que posean no dejan cada día de volar en un cielo nuevo, no dejan de descubrir nuevos lugares y de volver a conocer mejor los ya conocidos.

Habrá quien piense, después de leer este libro, que exagero cuando describo la naturaleza que puede verse en Camarma pero habrá también quien sepa que no se cuenta en él ni la décima parte de la naturaleza que puede verse aquí. Dicen los científicos que las personas vemos menos del 25% de lo que tenemos ante nuestros ojos. Por eso, cuando lo que hay que ver es grande y es diminuto, sucede de forma rápida y lenta, de día y de noche, entonces, no se llega ni a la décima parte.

Hay quienes dicen que los cazadores tienen mucho que ver con la abundancia de fauna que hay en Camarma y en parte llevan razón, pero también hay algunos cazadores que no dudarían en acabar con todas las águilas, urracas, lagartos, culebras, zorros, o sea, con todos los animales antiguamente catalogados como alimañas. Creo que el verdadero cazador debe respetar al animal que caza, a sus competidores, y también debe respetar a los que nos gusta contemplar a esos animales citados anteriormente. Un conocimiento mayor les haría ver que las bajas que causan el excesivo uso de insecticidas, herbicidas y fertilizantes en las especies cinegéticas son mucho mayores que las causadas por águilas, lagartos o culebras. El verdadero cazador debería reprobar a ese otro tipo de cazador que pretende convertir el campo en un corral de gallinas.

Antiguamente el hombre no podía hacer mucho daño a la naturaleza, aunque se lo propuso en algún momento y persiguió con saña a ciertas especies no acabó con ellas. Ahora, el hombre tiene en sus manos medios para hacerlo, al menos a nivel local, por eso ahora la naturaleza necesita de nuestra protección. Animales y plantas se encuentran estrechamente relacionados en un frágil equilibrio que no soporta ni cambios grandes, ni cambios rápidos.

Dejar un campo bien conservado a nuestros hijos es un deber nuestro y un derecho de ellos.

En el libro “CAMARMA DE ESTERUELAS: DE ALDEA MEDIEVAL A VILLA MODERNA” de Miguel Mayoral Moraga, podemos ver como eran los alrededores de Camarma hace más de doscientos años:

·     (pag. 107), “Las “Relaciones” del siglo XVIII nos dan noticias de los productos de Camarma del Caño: buena cantidad de trigo y cebada y esporádicamente centeno, avena y garbanzos; también uva, que se convierte en vino, y álamos negros y blancos, sin olvidar los buenos prados y dehesas arrendadas para pastos (poseen famosos prados para el ganado lanar, éste, junto con algunas vacas, cerdos y bestias de arada, constituía toda la producción ganadera del pueblo)”.

·     (Pag. 114): “Es interesante reseñar la abundancia de álamos negros y sauces que poblaban a finales del siglo XVIII gran parte de las orillas del Camarmilla, de lo que se da cuenta en la “Relaciones de Camarma de Encima”.

De aquellas dehesas, de aquellos prados y de aquellos abundantes álamos negros queda poco, pero quedan estepas cerealistas donde abunda la avutarda y la liebre; laderas donde crece el tomillo, el cantueso, la jara estepa y las orquídeas; un castigado río donde cría la polla de agua y el ánade azulón y por donde se pasea algunos veranos la cigüeñuela; un pequeño monte donde sobrevive la encina, el roble carrasqueño y la coscoja, y el inmenso cielo por donde vuela el águila real y el buitre negro.

Hay muchas personas en Camarma que les gusta pasear por el campo recorriendo caminos y senderos para quitarse de encima esa artificialidad que la vida moderna les impone.

Animo a todos los que lean este libro a que intenten buscar en los alrededores de Camarma a los animales y a las plantas que aparecen en él y a que descubran los muchos otros que no aparecen. A que se encuentren con las escenas que aquí se relatan y con las muchas otras por las que mis sentidos no se dejaron atrapar.

 

Francisco Manuel García Palancar, 19 de septiembre de 1998.



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