Invierno en Camarma

 

El invierno severo y estricto pone a prueba a las plantas y a los animales, sobretodo a los que nacieron en primavera. La tierra se empapa de agua y los caminos se llenan de barro. El alimento comienza a escasear y la lucha por la supervivencia se desarrolla ahora con toda su crudeza. Los peor adaptados no sobrevivirán.

En esos duros días de frío que dejan paso a esas terribles noches de hielo, uno se pregunta, dónde se refugian tantos animales. La respuesta es sencilla, la sabia naturaleza aprieta pero no ahoga.

Por estas fechas los chopos de El Colegio se llenan de tordos que silban poniendo música a la fría mañana.

En los días más fríos del invierno que suelen coincidir con la Navidad los grandes bandos de pardillos vuelan por Valdelobos, los animales buscan la solana y se pegan a la tierra para darse calor.

El milano real no falta en ninguna época del año en nuestros campos, los grupos que tiene sus dormideros en las localidades vecinas se reparten el territorio, en La Cuba siempre hay alguno dibujando su silueta y limpiando el campo de carroña.

Los zorzales recorren los centenarios olivos de los que bajan a menudo para comer caracoles y gusanos.

A finales de año los grandes bandos de perdices han sido terciados, los cazadores han cobrado su tributo.

Por la estepa cerealista se mezclan ahora las perdices, las avutardas y las alondras, cuyo número ha aumentado con la llegada de las del norte.

Por La Venta, bandos de hasta cien lavanderas recogen su particular cosecha de lombrices y de pequeños animalitos que se esconden entre las hierbas. Cerca del arroyo podemos ver a la lavandera cascadeña balanceando su cola y mostrándonos sus tonos grises y amarillos.

Algún año se ha acercado hasta nuestro pueblo alguna garza y se ha entretenido varios días volando por la zona de la piscina.

El aguilucho pálido sobrevuela las tierras de labor mientras las gangas y los ortegas se mimetizan perfectamente entre las piedras.

Los tractores que aran en las tierras húmedas atraen a numerosas aves, principalmente lavanderas, avefrías y tordos, las cuales, van como los niños en los bautizos, tras los caramelos que tira el padrino.

Bandos de hasta cincuenta jilgueros recorren los cardos mientras en las ramas de los árboles se columpia el carbonero.

En los días de niebla los animales también necesitan comer, por eso, las grandes aves se arriesgan a chocar contra algún cable de la luz de los tendidos eléctricos que pueblan los campos. Avutardas y águilas suelen quedar heridas mortalmente bajo los cables.

Las palomas se acercan a los sembrados a comer en grandes bandos. Desde las alturas, un águila real joven se lanza en picado sobre ellas sin mucha suerte, viene de lejos, de El Pico Ocejón, de la sierra madrileña o del Monte de El Pardo.

A mediados de enero, cuando los primeros almendros comienzan a dar la flor, llega la cigüeña sucia y cansada, se posa en el nido y permanece allí inmóvil, con el cuello encogido y la cabeza entre las alas, descansa y se protege del frío, dentro de unos días comenzará a recomponer el nido.

Los bandos de avutardas se van haciendo cada vez más grandes, los machos forman su propio bando y las hembras junto a los pollos el suyo.

A finales de febrero vuelven a pasar los grandes bandos de grullas sobre Camarma, ahora van hacia el norte, su próxima escala será la laguna de Gallocanta en tierras aragonesas.

Las higueras empiezan a retoñar y por las laderas aparecen montoncillos de orugas que van persiguiéndose unas a otras formando un ovillo.

En estas fechas empiezan a llegar las abubillas, los aviones, las golondrinas y los primeros refuerzos de torcaces.

Sopla fuerte el viento los primeros días del mes de marzo y es entonces cuando los ratoneros parecen encontrarse más cómodos, se remontan planeando en círculos a la vez que lanzan un maullido que pone música a la mañana.

En el puente de Meco un buitrón se cuelga de un junco y después se pierde entre las espadañas.

Las mariposas comienzan a dejarse ver y las aullagas comienzan a amarillear las laderas.

Bajo las piedras los ciempiés esperan la noche y las arañas cazan grillos.

Los trigueros comienzan a cantar desde sus posaderos. Los bandos de avefrías se reducen cada vez más, lo mismo sucede con las lavanderas, con los tordos y con las alondras.

Grandes grupos de cigüeñas alcalainas se acercan a Camarma y sobrevuelan la zona poniendo en guardia a la cigüeña camarmeña que defiende su nido crocoteando fuertemente.

En Camarma hay días en los que en la misma zona se mezclan avutardas, perdices y ratoneros, y días en los que puede verse volando juntos hasta ocho buitre negros, tres buitres leonados, un águila real y dos milanos. Son días únicos, de esos que no se olvidan.

Las perdices cantan, es señal inequívoca de que el campo está en celo.

Llega la primavera pintando los campos de amapolas y templando la vida de los que menos pueden ... (Y todo parece que se vuelve a repetir pero nada se vuelve a repetir, el campo se renueva, nuevas historias con nuevos protagonistas).



Comments